Poemas de desamor

Rafael Enrique Cárdenas
Rafael Enrique Cárdenas

Ante la separación abrupta y la partida de la persona amada, es inevitable que el alma dolida y en luto empuje al cuerpo a un torbellino de sensaciones: sentir el desamor, entrar en él, se convierte en una realidad palpable.

Es un estado complicado donde los sentimientos se revuelven disipándose y condensándose a la par, a veces como una presencia tridimensional, a veces como un espacio vacío con la forma de los recuerdos.

Para muchos, es una situación incomprensible y con la que no se puede lidiar. El dolor es constante y la mente no abandona las repeticiones automáticas sobre lo que fue o pudo ser.

Por suerte, para la mayoría de los mortales sufridos, la poesía ha sabido cantarle a ese desastre y con ello ayudar a disiparlo, a hacerlos más tolerable, a comprenderlo.

Hoy te traemos una compilación que hemos realizado sobre los mejores poemas de desamor en la red.

Poemas de desamor de autores famosos

Nada como dejar el tratamiento a los profesionales, pues solo la genial pluma de poetas consagrados puede tomar el desamor y sublimarlo en arte pura, en sanación del alma.

Las palabras, como pequeños hechizos, van eliminando las sombras a medida que la poesía va entrando en el corazón y esta selección de poemas de autores famosos cuenta con voces verdaderamente empáticas, de quienes conocen la otra cara del amor.

Poema XX – Pablo Neruda

Este célebre poema de Neruda estriba entre la nostalgia y el desespero como un método para lidiar con el desamor. Afrontar los recuerdos e intentar rescatar, una última vez, las sensaciones del amor pasado y darle cierre al episodio. Dejar ir.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

[…..]

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

La lenta máquina del desamor – Julio Cortázar

Este interesante como el poema refleja con la precisión de una máquina esa dilatación que sufre el tiempo de la persona herida, que siente el paso de los eventos tristes como una sucesión casi eterna de cosas que se desprenden a la vez que permanecen.

La lenta máquina del desamor,
los engranajes del reflujo,
los cuerpos que abandonan las almohadas,
las sábanas, los besos,
y de pie ante el espejo interrogándose
cada uno a sí mismo,
ya no mirándose entre ellos,
ya no desnudos para el otro,
ya no te amo,
mi amor.

Amor, de tarde – Mario Benedetti

Benedetti eleva un canto al lamento que hace eco en la soledad del alma. Donde el ser que perdió el amor aún lo anhela y le llama, él busca ser el mismo en la inútil idea de representar el momento de encuentro original, pero no hay segundas oportunidades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Podrías acercarte de sorpresa
y decirme “¿Qué tal?” y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.

Ausencia – Gabriela Mistral

Se desgranan los espacios compartidos y ahora perdidos en los pródromos del desamor, y ya se deja percibir el vacío intolerable que viene a usurpar la luz de los buenos momentos. Gabriela Mistral logra darle forma física a los restos de la relación.

Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
Se va mi cara en un óleo sordo;
se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.

¡Se te va todo, se nos va todo!

Se va mi voz, que te hacía campana
cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos que se devanaban,
en lanzaderas, debajo tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo.

Sangre sería y me fuese en las palmas
de tu labor, y en tu boca de mosto.
Tu entraña fuese, y sería quemada
en marchas tuyas que nunca más oigo,
¡y en tu pasión que retumba en la noche
como demencia de mares solos!

¡Se nos va todo, se nos va todo!

Ausencia – Jorge Luis Borges

Otra ausencia plantea Borges, una en la que se debe huir a lo más recóndito del mundo ante el brillo cegador de los recuerdos. Es una nostalgia que arde con luz intolerable que amenaza con destruir por siempre al alma.

Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.

Poemas cortos de desamor

Los poemas de desamor cortos son como una dosis de ánimo, fuerza y voluntad. Son poemas que puedes llevar y dejar que sus versos se repitan en tu mente.

Son poemas para compartir, porque siempre habrá alguien que, al igual que tu, necesita de la catarsis de la poesía. Un poema corto e impactante puede ser la mejor compañía y el mejor escudo, para poder salir al mundo nuevamente y dejar un tanto la tristeza.

Cosas que no tendremos – Josefa Parra

Es frecuente la percepción del fin de tantas cosas, que nada volverá a ser igual y, más aún, que las pequeñas cosas de la vida no podrán ser disfrutadas de igual forma, ante el dramático peso de lo que se va con el amor perdido.

Cosas que no tendremos:

Las mañanas de abril largas de amor y sueño.
Las tardes de noviembre con lluvia interminable.
Las noches del verano tercamente estrelladas.
Todas las madrugadas dulcísimas de otoño.

Cosas que me he perdido:

No sabré del sabor de tu boca dormida.
No acunaré a tus hijos. No beberé tu vino.
No lloraré contigo viendo ningún ocaso.
No me amanecerá tu vientre entre las sábanas.

Tengo todo un tesoro de lagunas y ausencias,
un muestrario completo de páginas en blanco.

Adiós – Claudio Rodríguez

Este poeta español, nos trae versos cargados de la angustia propia de la separación. Ese uso de palabras como alucinaciones marca el paso desesperado del herido en las calles de la desesperación. No hay marcha atrás. Sufrir y seguir como condena.

Cualquier cosa valiera por mi vida
esta tarde. Cualquier cosa pequeña
si alguna hay. Martirio me es el ruido
sereno, sin escrúpulos, sin vuelta
de tu zapato bajo. ¿Qué victorias
busca el que ama? ¿Por qué son tan derechas
estas calles? Ni miro atrás ni puedo
perderte ya de vista. Esta es la tierra
del escarmiento: hasta los amigos
dan mala información. Mi boca besa
lo que muere, y lo acepta. Y la piel misma
del labio es la del viento. Adiós. Es útil
norma este suceso, dicen. Queda
tú con las cosas nuestras, tú, que puedes,
que yo me iré donde la noche quiera.

Tú, que nunca serás – Alfonsina Storni

Estos versos dicen mucho sobre el amor que siempre fue ilusión, que se pensó tener y aferrar, pero no era más que autoengaño, una embriaguez. Una ceguera dulce que termina siempre igual, un alma triste, un corazón roto, soledad y poesía en la voz.

Sábado fue, y capricho el beso dado,
capricho de varón, audaz y fino,
mas fue dulce el capricho masculino
a este mi corazón, lobezno alado.

No es que crea, no creo, si inclinado
sobre mis manos te sentí divino,
y me embriagué. Comprendo que este vino
no es para mí, mas juega y rueda el dado.

Yo soy esa mujer que vive alerta,
tú el tremendo varón que se despierta
en un torrente que se ensancha en río,

y más se encrespa mientras corre y poda.
Ah, me resisto, más me tiene toda,
tú, que nunca serás del todo mío.

Rosario – José Martí

Puede ser Rosario, puede ser cualquier otro nombre, pero esa persona existe. Aquella que perseguimos con ímpetu en el laberinto del desamor, mientras los recuerdos se proyectan vivos en los muros. El poema marca un camino, pero no indica si hay salida.

Rosario
rosario,
En ti pensaba, en tus cabellos
Que el mundo de la sombra envidiaría,
Y puse un punto de mi vida en ellos
Y quise yo soñar que tú eras mía.

Ando yo por la tierra con los ojos,
Alzados, ¡oh mi afán!, a tanta altura
Que en ira altiva o míseros sonrojos
Encendiólos la humana criatura.

Vivir: Saber morir; así me aqueja
Este infausto buscar, este bien fiero,
Y todo el Ser en mi alma se refleja,
¡Y buscando sin fe, de fe me muero!

Poemas largos de desamor

Muchas veces, la mejor forma de enfrentar nuestros propios sentimientos y darles algo de sentido o entenderlos, es con una conversación.

Un cara a cara que se extienda con calma sobre cada detalle.

Esto es lo que son los poemas largos de desamor, una conversación con el sufrimiento y el desaliento mismo que, como un ancho mar, te lleva de ola en ola, de palabra en palabra hacia una costa más soleada y con mejores vistas.

La enamorada – Alejandra Pizarnik

Esa conversación con uno mismo, frente al espejo, frente a la dura realidad es una suerte de llamado de atención. Un esfuerzo para abrir los ojos y encarar la verdad, disipando la neblina de las primeras instancias de la pérdida y la soledad.

Esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra Alejandra no lo niegues

hoy te miraste en el espejo
y te fue triste estabas sola
la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió

enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos así volverá
tu amado tan amado

oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú

te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!

La renuncia – Andrés Bello

Hay un paso definitivo en el trayecto del desamor que involucra la partida de lo último que prevalece: los recuerdos. La renuncia de la que habla Bello es sublimación del duelo, el desdoblamiento en avatares metafóricos que permiten la reconstrucción del ser.

He renunciado a ti. No era posible
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía.

Yo me quedé mirando cómo el río se iba
poniendo encinta de la estrella…
hundí mis manos locas hacia ella
y supe que la estrella estaba arriba…

He renunciado a ti, serenamente,
como renuncia a Dios el delincuente;
he renunciado a ti como el mendigo
que no se deja ver del viejo amigo;

Como el que ve partir grandes navíos
como rumbo hacia imposibles y ansiados continentes;
como el perro que apaga sus amorosos bríos
cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;

Como el marino que renuncia al puerto
y el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro.

He renunciado a ti, como renuncia
el loco a la palabra que su boca pronuncia;
como esos granujillas otoñales,
con los ojos estáticos y las manos vacías,
que empañan su renuncia, soplando los cristales
en los escaparates de las confiterías…

He renunciado a ti, y a cada instante
renunciamos un poco de lo que antes quisimos
y al final, !cuantas veces el anhelo menguante
pide un pedazo de lo que antes fuimos!

Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.
Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
La renuncia es el viaje de regreso del sueño…

Poemas de despecho

Entre el torbellino de emociones que puede causar el desamor, es más que justo y necesario hacerse de rudeza, declamar con fuerza con poemas de despecho que no hay más que ser objeto de malos tratos.

Decirlo con crudeza y, de cuando en cuando, con un poco de escarnio hacia el recuerdo de quién partió, de que todavía queda mucho por dar y que francamente se lo pierden.

¡Oh sí! – Charles Bukowski

La pluma de Bukowski da muchos giros de crudeza y en este poema invita a la adopción de una visión del mundo, en la que seguir perpetuando el dolor es fútil. Que cada quién tiene su valor en soledad y que ciertas compañías son peores a un transitorio mal.

Hay cosas peores que
estar solo
pero a menudo toma décadas
darse cuenta de ello
y más a menudo
cuando esto ocurre
es demasiado tarde
y no hay nada peor
que
un demasiado tarde.

Balada – Gabriela Mistral

Esos momentos en los que se desgarra la cicatriz y fluyen de nuevo los humores que se habían dejado en paz, alimentan el poema y enturbian la vista del espíritu que cae en espirales oscuras de tanto anhelo concentrado en el baúl de los recuerdos.

Él pasó con otra;
yo le vi pasar.
Siempre dulce el viento
y el camino en paz.
¡Y estos ojos míseros
le vieron pasar!

Él va amando a otra
por la tierra en flor.
Ha abierto el espino;
pasa una canción.
¡Y él va amando a otra
por la tierra en flor!

El besó a la otra
a orillas del mar;
resbaló en las olas
la luna de azahar.
¡Y no untó mi sangre
la extensión del mar!

El irá con otra
por la eternidad.
Habrá cielos dulces.
(Dios quiera callar.)
¡Y él irá con otra
por la eternidad!

Desmayarse, atreverse, estar furioso, – Lope de Vega

Cuánta amargura puede sembrar en un corazón un amor venido a menos. El amor es en parte ciclo de idas y vueltas, subidas y caídas aparatosas a pesar de los escudos que nos pongamos y de las cláusulas de prohibición que sentenciamos.

Áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Me doy cuenta de que me faltas… – Jaime Sabines

Es posible discutir si regodearse en el dolor, la desesperación y la miseria es un paso factible o un remedio eficaz para el despecho. Cierto es que sucede inevitablemente, todo el tiempo, como en el poema, es veneno dulce y manjar agrio.

Me doy cuenta de que me faltas y de que te busco entre las gentes,
en el ruido,
pero todo es inútil.
Cuando me quedo solo
me quedo más que solo
solo por todas partes y por ti y por mí.
No hago sino esperar.
Esperar todo el día hasta que no llegas.
Hasta que me duermo
y no estás y no has llegado
y me quedo dormido
y terriblemente cansado
preguntando.
Amor, todos los días.
Aquí a mi lado, junto a mí, me haces falta.
Puedes empezar a leer eso
y cuando llegues aquí empezar de nuevo.
Cierra estas palabras como un círculo
como un aro, échalo a rodar, enciéndelo.
Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas,
en mi garganta como moscas en un frasco.
Yo estoy arruinado.
Estoy arruinado en mis huesos,
todo es pesadumbre.